“Muy cerca de donde vivo una bomba explotó muy fuerte”: hondureña en Jerusalén

SAN PEDRO SULA.- Ni Jerusalén, la tierra más sagrada para judíos, palestinos, ortodoxos y fieles de muchísimas religiones más, se escapó a los misiles lanzados por Hamás, en la embestida más brutal de los últimos años.

En esa ciudad, muy cerca de donde estallaron las primeras bombas, una familia hondureña que profesa el judaísmo vivía en carne propia los miedos y horrores que acompañan a las guerras.

De ese primer ataque resultaron ilesos al igual que la ciudad, sin embargo, el encierro y el saber la magnitud de la brutalidad que se venía los tiene asustados, pero confiando en la seguridad y el ejército de Israel.

La hondureña Tehilah Herrera narró a LA PRENSA Premium desde el barrio Givat Mordejai, donde reside, lo que ha venido sucediendo en Israel desde el ataque de Hamás.

“Empezaron a sonar como a las 8:15 de la mañana las alarmas. Yo me levanté asustada porque realmente nunca había sentido esta sensación de miedo. Sonaron las alarmas, y justo cerca de donde yo vivo escuché cuando explotó una (bomba), muy fuerte. Yo quedé en shock. No sabíamos que estaba sucediendo porque en shabat no tenemos acceso a celulares, no usamos teléfono. No sabía que sucedía, pero en mi interior sabía que algo estaba mal, porque es muy raro que ataquen Jerusalén”.

Cuenta que ese día de la incursión de Hamás, las alarmas no pararon de sonar desde las 8:15 de la mañana hasta las 12 del mediodía. “Escuchábamos cuando explotaban los misiles”, relató al detallar, que ahora que el Ejército tiene bajo control la guerra todo el conflicto se ha mantenido en el sur, cerca de la Franja de Gaza.

Tehilah es una sampedrana que trabajó en corredurías de seguro antes de viajar a Israel con su esposo David Herrera y su primer hijo Mijael, de 9 años. Ellos tres se fueron a vivir a Jerusalén hace ocho años, y desde entonces ese es su hogar. Estando allá nacieron los pequeños Tirtzah (8), Iaacov (4) y la bebé Hodaya, de tres meses. En todo ese tiempo no sabían lo que era el miedo por una guerra o escuchar tan de cerca ataques con misiles.

“Desde ese día yo no he podido dormir. Vivo con miedo, pero es normal tener, nervios y miedo, pero vivimos en el mejor país, el país de Dios”, dijo al borde del llanto. Tehilah, que ha combinado la crianza de sus cuatro hijos con su trabajo como maestra en Jerusalén, no puede borrar de su mente cómo fue el estallido de la guerra.

“Nos agarraron por sorpresa, fue un ataque sin precedentes, nadie se lo esperaba. Toda la masacre que hicieron matar bebés, ancianos, mujeres violadas, secuestradas, es horrible todo lo que está viviendo la gente, no tiene nombre”, lamentó.

Ella también cree que la guerra va para largo. “Si le soy honesta, tengo mucho miedo por mis hijos. Trato de no contagiarles mis sentimientos y de que tengan una vida normal”. Desde que llegaron a vivir a ese país, su gente les ha abierto sus brazos.

“Son muy humanitarios, me ayudaron sin conocerme, el idioma al principio fue muy difícil, pero siempre estaba alguien para ayudarme. Israel es lo mejor(…) no se me cruza por la mente volver a Honduras”, aseguró.

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Johny Watshon

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